La leona que salió
Hay momentos donde la vida nos pone en un lugar estrecho y no vemos la salida. Cómo las metáforas me gustan mucho, te diré que me siento como una leona enjaulada. Ansiosa, mirando por donde puedo cambiar el rumbo y aún sin ver esa salida. Qué es lo mejor que puedo hacer? Respirar muy profundo, encontrarme con todas las emociones que me habitan y dejarlas fluir. Sin contenerlas, sin juzgarlas, sin temerlas. Simplemente reconocerlas para que mi inteligencia emocional vaya haciendo su trabajo, abriendo el paso a la inteligencia adaptativa. Porque cuando me permito sentir sin resistirme, algo se ordena dentro mío. Las emociones dejan de empujar desde la sombra y pasan a convertirse en información valiosa. Me hablan de mis límites, de mis miedos, de mis deseos más profundos. Escucharlas es el primer acto de responsabilidad conmigo misma. Desde ahí, la decisión ya no nace del impulso ni de la urgencia, sino de una co...