Cuando mente y corazón no dicen lo mismo

 

 

A veces me pasa… tengo todo organizado, todo pensado, todo definido en mi cabeza. Pero algo en el cuerpo me dice otra cosa. Una especie de “ruido” suave, pero persistente. Como si el corazón y la mente estuvieran en canales distintos. Y ahí me empiezo a preguntar: ¿qué está pasando conmigo? ¿Por qué, si esto parece lo correcto, no me siento bien?

 

Y no es que esté haciendo algo malo. Es que, simplemente, no estoy en sintonía. Hay una parte mía que necesita otra cosa, pero como no tiene argumentos lógicos, suelo ignorarla. Hasta que me desarmo. Y no siempre se nota para afuera, pero adentro lo sé: me pasé por encima otra vez. Y eso, cuando se vuelve hábito, duele.

 

Hace poco leí algo de Marian Rojas Estapé que me hizo mucho sentido. Ella dice que la clave está en alinear pensamiento, emoción y acción. Que cuando lo que pienso y lo que siento están desfasados, mi energía vital baja. Y eso me hizo clic. Porque a veces no es que me falte voluntad o compromiso. Es que estoy tironeada hacia lugares que no resuenan conmigo.

 

Lo aprendí a fuerza de agotarme: si no me priorizo, la vida me va a pasar por encima. Y ojo, priorizarme no es ser egoísta. Es decir: “yo también importo”. Es hacer lugar a mis emociones, aunque no siempre sean cómodas. Es reconocer que hay decisiones que puedo tomar desde la paz y no desde el apuro o el “deber ser”.

Te comparto mis claves para priorizarme sin culpa.

Cuando noto que algo no encaja, paro. No siempre puedo hacerlo en el momento, pero me lo anoto. Me regalo ese “minuto del alma” que me enseñó una colega: cierro los ojos, respiro, y me pregunto “¿qué necesito ahora?”. A veces la respuesta es tan simple como descansar, poner un límite, o pedir ayuda. Pero si no hago silencio, no la escucho.

 

Sostener el compromiso con lo que deseo requiere coraje. El coraje de habitarme con honestidad. De hacerme preguntas incómodas. De revisar mis propias estructuras. Y también, el coraje de aceptar que a veces no puedo con todo. Que está bien hacer una pausa. Que puedo cambiar de idea sin fallarme.

 

Hoy elijo serme leal antes que eficiente. Hoy mi compromiso es conmigo. Con lo que me da paz, con lo que me conecta, con lo que me hace bien. Y desde ahí, sí: acompañar a otros, ser mejor en mi trabajo, ser más plena en mis vínculos. Pero sin dejarme afuera.

 

Porque cuando  estoy alineada, todo fluye diferente. Y ese equilibrio, aunque puede ser frágil, se vuelve mi refugio, mi eje, mi casa.




Comentarios

Entradas populares