El arte de soltar

 

A veces nos cuesta frenar. A mi me ha pasado, ¿a vos?

No porque no lo deseamos, sino porque algo adentro nuestro nos empuja a seguir, a hacer más, a hacerlo mejor, a demostrar, a no fallar. Hay personas que llevan la exigencia como una especie de motor interno que no descansa. Se levantan ya con una lista mental de pendientes y de que lo quieren lograr. Llegan a tal punto que no pueden parar de pensar ni cuando duermen. Tal vez seas una de esas personas. Tal vez te preguntes por qué, si hacés tanto, no terminás de sentirte bien, de disfrutar de realización.

Te entiendo. La neuroemoción nos muestra que detrás de la exigencia no hay solamente una búsqueda de excelencia. Muchas veces hay una necesidad más profunda: sentir que valemos, que merecemos, que somos suficientes. Esa voz interna que dice “no es suficiente” no nació con vos. Se fue construyendo con el tiempo, con las experiencias, con las heridas que no sabías que tenías.

Entonces, esa exigencia, viene disfrazada de responsabilidad, de compromiso y de perfeccionismo. Pero por dentro, puede haber un miedo muy sutil al error, al juicio, al rechazo, a no ser vistos. Y el cuerpo lo siente:se tensa, Se cansa y hasta se apaga. Porque estar todo el tiempo “a la altura” de tan altas expectativas es sencillamente agotador.

¿Y si empezamos a escuchar un poco más al cuerpo? ¿Y si aprendemos a distinguir entre lo que viene del amor propio y lo que viene del miedo? Mindfulness no es sentarse a meditar tres horas. Es estar presentes. Respirar. Notar cuándo nos estamos apurando de más. Darnos cuenta de que nadie nos está corriendo,  que nos apuramos a nosotros mismos.

Cuando acompaño procesos desde el coaching, muchas veces trabajo con personas que tienen logros, títulos, reconocimiento… y sin embargo, no encuentran paz. ¿Por qué? Porque no se trata de lo que hacés, sino desde dónde lo hacés. Cuando vivís desde el “tengo que”, perdés libertad. Pero cuando elegís desde el “quiero”, cambia todo. Aparece el disfrute y aún más importante: aparece el permiso a ser humanos.

Estanislao Bachrach dice: “El bienestar no está en lo que hacés, sino en cómo lo hacés. Y eso depende de tu mente, no del contexto.”
Podemos estar en el mejor trabajo, con los mejores resultados, y aún así vivir tensionados. O podemos elegir mirar hacia adentro y empezar a preguntarnos: ¿en qué aspecto no me estoy sintiendo suficiente?

Lo que descubrimos ahí no siempre es fácil aunque ciertamente es liberador. Porque cuando soltamos la necesidad de aprobación, aparece algo mucho más genuino: la conexión con uno mismo. La posibilidad de vivir desde la calma, no desde la exigencia. De elegir el descanso sin culpa. De equivocarnos sin que se derrumbe el mundo.

Sé que no es sencillo. Yo sigo en el proceso de aprender y aplicarlo lo mejor que puedo.  Porque es un proceso y vale el esfuerzo. Porque cuanto más nos conocemos, más capaces somos de cuidarnos. Y cuando nos cuidamos, la exigencia se transforma en excelencia con disfrute en vez de con sufrimiento.

Me gusta mucho una frase de Carl Jung que dice: “Aquello a lo que te resistes, persiste. Pero aquello que aceptás, se transforma.”
Y creo que ahí está la clave. No se trata de pelear con nuestra exigencia, sino de mirarla con amor. De entender qué nos vino a enseñar. De agradecerle lo que nos dio, y empezar a elegir con más consciencia cuándo queremos que nos acompañe… y cuándo no.

Si estás leyendo esto y te sentís muy identificada/o, respirá. Cerrá los ojos un momento. Escuchá tu cuerpo. Preguntate: ¿Qué necesitás hoy? ¿Qué podrías dejar de exigirte? ¿Qué podrías darte?

Tal vez el primer paso hacia tu bienestar sea simplemente eso: frenar. Respirar y permitirte ser, incluso cuando no estás rindiendo. Porque ahí, en ese espacio sin deberes, aparece lo más valioso: vos  contactando con tu escencia.





Comentarios

Entradas populares